Un saco escondido en una maleta abandonada que emanaba el nauseabundo olor a muerte, entre matorrales en la provincia Espaillat, guardaba el horrendo crimen que estremeció al país en 2017. Allí fue hallada Emely Peguero.
Con apenas 16 años y cinco meses de embarazo, ya sabía que esperaba un varón y había elegido llamarlo "Jacob Moisés", pero su ilusión de ser madre le fue arrancada.
Los estragos de un aborto clandestino no bastaron para su muerte: el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) detalló que en el examen interno al cadáver de Emely encontraron restos del feto en su vientre, contusión del cuello uterino y canal vaginal; perforación del útero con indicativos de que se aplicó una intensa fuerza en esa zona y órganos dispersos, debido a la interrupción forzosa del embarazo.
Encima de semejante crueldad, “el cuerpo presentaba en la cabeza un golpe contundente con rompimiento craneal y hemorragia cerebral, lo que indica que dicho trauma se produjo en vida, provocado por un objeto de superficie dura y firme”, reveló la autopsia.
El asesinato fue cometido por Marlon Martínez, de 19 años. Él era el padre del bebé que esperaba y con quien mantenía una relación de noviazgo desde su infancia, cuando ella tenía 12 años.
Sin embargo, no actuó solo, contó con la complicidad de su madre, Marlin Martínez, quien era una funcionaria pública con influencia política.
Hoy, a nueve años del doble asesinato, el trágico final de Emely Peguero y su bebé continúa tocando las fibras sensibles de la memoria de República Dominicana.

Marlon Martínez y su madre Marlin Martínez, durante una de las audiencias.
CRONOLOGÍA DE LOS HECHOS
Emely era oriunda de San Francisco de Macorís; allí, en la comunidad de Cenoví, vivía con su madre, Adalgisa Polanco.
El 23 de agosto de 2017 quedó grabado en la historia. Aquel día, pasadas las 8:00 am, la adolescente salió en compañía de su pareja sentimental, a fin de buscar los resultados de unos análisis en un centro médico. Pero nunca más regresó a casa.
Bajo la falsa premisa de que la había dejado en el cruce de una estación de combustible en Cenoví, Marlon Martínez armó su coartada de la supuesta desaparición, sin imaginar que aquella mentira no tardaría en descubrirse.
La pista inicial que desenmascaró a los Martínez surgió cuando Marlon y Marlin ofrecieron una entrevista televisiva en la que se refirieron a la adolescente en tiempo pasado, mientras clamaban por su regreso.
“Ella era parte de nosotros. Ella era la novia de mi hijo… Ella tenía cinco meses de embarazo; desde que nos enteramos le dimos nuestro apoyo”, expresó con nerviosismo Marlin Martínez en un vídeo que se viralizó en redes sociales, días antes de la aparición del cuerpo.
A partir de entonces, el pueblo consternado apuntó a los Martínez como los principales culpables, mientras buscaban a Emely desesperadamente, conscientes de que cada día se desvanecían las esperanzas de encontrarla con vida.
Tras una serie de contradicciones, se descubrió la verdad cuando el 30 de agosto, Marlon confesó haber matado a su novia e indicar dónde había dejado el cadáver.
Nueve días bastaron para encontrar dentro de una maleta el cadáver de Emely, la noche del 31 de agosto.
LOS SOSPECHOSOS
Las investigaciones apuntaron que el día 23, Marlon la asesinó. Después, el hombre de 19 años llamó a su madre, quien planeó la desaparición del cuerpo al trasladarlo de un lugar a otro varias veces: primero a un vertedero en Cenoví, luego a una finca en Moca y, finalmente, a un terreno en la provincia Espaillat.
Para el Ministerio Público y un país conmocionado, la secuencia de los hechos, desde el aborto violento hasta el ocultamiento del cadáver, podía significar una cosa: más personas habían participado en el crimen.
Con la dupla de hijo y madre en prisión preventiva, la investigación siguió su curso e implicó a otros en el hecho.
En la lista de sospechosos se incluyó a Simón Bolívar Ureña Almanzar, conocido como “El Boli”, quien confesó su participación en el encubrimiento del cadáver, y señaló que Marlin Martínez le había ofrecido entre 600 mil y un millón de pesos por el servicio.
Como parte del proceso, fueron investigadas Sugel Miguelina Polo García y María Balbina Rodríguez Santos, quienes trabajaban como empleadas domésticas para los Martínez en San Francisco de Macorís.
También fueron interrogados Joaquín Pereira Guzmán y Basilio Roberto Vázquez García, dueño y capataz respectivamente, de la finca en Moca donde se indicó que habían permanecido los restos antes de su hallazgo.
Incluso se cuestionó a Kelvin Jiménez, quien fungía como seguridad de la residencia de los Martínez, así como a la ginecóloga Anny Lisette Taveras, quien le había realizado el chequeo médico a Emely antes del crimen.
Al finalizar las investigaciones, la lista de sospechosos se disolvió y sus integrantes quedaron libres de culpa, supuestamente tras negociar con las autoridades. De este modo, se convirtieron en testigos del caso Emely Peguero, según reseñan los archivos periodísticos.
LAS SENTENCIAS
En noviembre de 2018, el Segundo Tribunal Colegiado del Distrito Judicial de la provincia Duarte condenó a 30 años a Marlon Martínez, como autor directo del asesinato. Cumple su condena en el Centro de Corrección y Rehabilitación La Isleta, ubicado en Moca.
Por su complicidad en la sustracción de la menor y ocultamiento del cadáver, Marlin Martínez recibió una sentencia inicial de cinco años de prisión, que luego fue reducida a dos años, cumplidos en el centro Rafey-Mujeres en Santiago.
Este veredicto incluyó el pago de RD$20 millones de indemnización a favor de los familiares de Emely Peguero.
FEMINICIDIOS EN 2017
El 2017 fue calificado como uno de los años más sangrientos que marcó a la República Dominicana por la cantidad de hechos violentos, siendo los feminicidios la principal causa de muerte.
De enero a diciembre de aquel año, al menos 91 mujeres fueron asesinadas a manos de su pareja sentimental o expareja.

No hay comentarios:
Publicar un comentario