De acuerdo con el centro estatal de estudios de opinión VTsIOM, un 24,1 % de los ciudadanos afirma no confiar en el mandatario, mientras un 23,3 % desaprueba su gestión, los niveles más altos de rechazo desde el inicio del conflicto en 2022.
En paralelo, la aprobación presidencial descendió hasta el 65,6 %, y la confianza general cayó al 71 %, cifras que no se registraban desde antes de la invasión a gran escala de Ucrania.
Desgaste sostenido y señales de hartazgo
La tendencia negativa se ha mantenido durante siete semanas seguidas, evidenciando un desgaste sostenido del liderazgo de Putin en medio de un contexto adverso.
El hartazgo por la guerra, que se ha prolongado sin resultados concluyentes, se suma a la contracción económica y a crisis internas como desastres naturales y decisiones polémicas en el sector agrícola, factores que han impactado directamente en la percepción ciudadana.
Además, cada vez menos rusos incluyen al mandatario entre sus políticos favoritos: apenas un tercio lo menciona actualmente, frente a casi el 50 % que lo hacía hace dos años.
Internet restringido y malestar generalizado
Uno de los detonantes más recientes del descontento ha sido el bloqueo y la ralentización del internet móvil en varias regiones del país.
Aunque el Kremlin defiende estas medidas por motivos de seguridad, argumentando la prevención de atentados, sectores políticos, empresariales y sociales han criticado el impacto negativo en la economía y la vida cotidiana.
El descontento no se limita a la ciudadanía. Incluso actores cercanos al poder —desde empresarios hasta funcionarios— han expresado preocupación por las pérdidas económicas derivadas de estas restricciones digitales.
Presión política a meses de elecciones
El deterioro en la imagen presidencial también se refleja en el respaldo al partido oficialista, Rusia Unida, cuya intención de voto cae por debajo del 30 % a pocos meses de las elecciones parlamentarias.
Analistas advierten que este escenario podría traducirse en tensiones políticas si la tendencia se mantiene, especialmente en un contexto donde la censura y el control estatal dificultan medir con precisión el verdadero nivel de descontento social.
A esto se suma la menor exposición pública de Putin en los últimos meses y el refuerzo de su seguridad personal, señales que algunos interpretan como indicios de creciente preocupación dentro del Kremlin.


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