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Soranyi: la maestra que vende café y té mientras espera por una oportunidad en la docencia

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Cuando el reloj marca las 3:00 de la madrugada, Soranyi Leonardo Lora tiene una cita con su trabajo: preparar té y café para vender a quienes como ella, se levantan temprano a batallar. 

No le atormenta esta responsabilidad. Con este oficio no sólo mantiene a su hermana Suleyca, quien vive con una condición especial, sino que cumple el deseo de su fallecida madre de continuar dándoles el servicio a sus clientes.

La hermana de Soranyi tiene una condición especial

La hermana de Soranyi tiene una condición especialFuente externa

Pero bien, cualquiera puede vender té y café. Es un trabajo honrado y de mucho sacrificio. Lo que llama la atención es que esta joven que no se rinde, es una maestra egresada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y con muchas ganas de ejercer su carrera.

Se graduó Cum Laude de la licenciatura en Educación, con la ilusión de ser el orgullo de su familia y lograr desarrollarse como una buena profesional. Las cosas no le han salido como esperaba, pero no se da por vencida.

Soranyi Leonardo Lora se graduó Cum Laude de la licenciatura en Educación

Soranyi Leonardo Lora se graduó Cum Laude de la licenciatura en EducaciónFuente externa

 “Soñaba con que mi mamá me viera graduar, y no fue así, y también con poder trabajar en lo que estudié. Hasta ahora no lo he logrado, pero no dejo de esperar por una oportunidad”. Mientras hacía el comentario, seguía atendiendo a sus clientes, siempre con una sonrisa.

Por encima de la ropa, como se dice en buen dominicano, se le nota el temple. Todos la respetan y hablan maravillas de ella. “Esa es una muchacha seria y trabajadora”. Era la definición común que se escuchaba mientras Soranyi atendía, inclusive a quienes se paraban en su vehículo a tomarse su cafecito o su té.

Soranyi atendiendo a un cliente

Soranyi atendiendo a un clienteFuente externa

Sin tirar la toalla

La vida le ha jugado sus malas pasadas a esta joven. Sin embargo, las desavenencias no han podido con ella. Es de las que si del cielo le caen limones, aprende hacer limonada. 

Hasta ahora lo que puedo hacer es vender té y café para mantener a mi hermana y ayudar en la casa, entonces, no me queda de otra que levantarme temprano y cumplir con este compromiso”. Sigue adelante, no se rinde.

En lo que cumple con el deseo de su mamá Andrea, conocida en el sector como Gori, de que no le dejen caer el puesto, le duele no estar en las aulas enseñando lo aprendido y creciendo como docente. 

Con lágrimas en los ojos admite que muchas veces la impotencia amenaza con desvanecer sus ganas de seguir luchando, pero se llena de fuerzas y continúa hacia delante.

Le duele no estar en las aulas enseñando lo aprendido

Le duele no estar en las aulas enseñando lo aprendidoFuente externa

“No es fácil, lograr una carrera cuando te faltan tantas cosas. A veces sin pasaje y pasando calamidades. Recuerdo que un día tuve que decirle a un chofer que no tenía dinero, y él me dijo que subiera. Me dejó cerca de la casa. Después, otro día, me monté con él y le pagué el pasaje, pero me dijo que no tenía que hacer eso, que a cualquiera le pasa”. Ni ese tipo de vergüenza la hizo desmayar en su afán por ir tras la meta de graduarse.

 Finalmente, el año pasado, pudo ponerse su toga y su birrete, pero no ha logrado conseguir una plaza de trabajo en un centro educativo.

Con sus motetes encima, se desplaza en un motoconcho o en una “bola” para instalar su negocio

Hubo que arrancar temprano para poder entrevistar a Soranyi Leonardo Lora. Al comenzar de madrugada a vender té y café es lógico que también desmantele temprano el puesto que instala en la acera de la calle La Isabela, en Perantuén.

Lo bueno es que, para esta joven profesional, los valores están por encima de todo

Lo bueno es que, para esta joven profesional, los valores están por encima de todoFuente externa

  ya era poco lo que le quedaba. Eso sí, mientras más dura, más vende. Tiene una clientela cautiva. Unos de a pie y otros que transitan en su vehículo.

La higiene “dice” presente. Con su toallita impecable va limpiando cuantas gotitas caen. Soranyi es simpática, pero no “relambía”. Es atenta, pero con sus límites. Da un buen servicio, pero con sus reglas. De esta manera se maneja para llevar a casa, al menos 2,000 pesos diarios. En días muy buenos, hace 2,500.

La gente la conoce. Desde adolescente, iba a ayudar a su madre Gori. Eso sí, está clara que no es lo mismo darle la mano a alguien que ser responsable de un trabajo tan comprometedor como este, más aun cuando sabes que debes seguir luchando para lograr tus metas. 

Lo bueno es que, para esta joven profesional, los valores están por encima de todo. Gracias a cómo la formaron, hoy, con orgullo, atiende su puesto en lo que su título profesional cobra sentido.

A pesar del gran sacrificio que esto representa, esta joven que no se rinde, es agradecida. “Puedo decirle que, con este trabajo y el esfuerzo de todos, fue que pudimos construir una casa propia”. Lo cuenta con una sonrisa que no esconde su orgullo y emoción por haber aportado a este logro. Vive con su hermana y su padre. Sus otros dos hermanos ya formaron familia.

“Mi madre me dio la fuerza”

Siendo una estudiante de término de la universidad, Soranyi tuvo que hacerse cargo del puesto de su mamá. “Yo se lo prometí. Ella me dijo que no les desamparara a sus clientes, y tuve que hacerme cargo. Al principio me daba vergüenza, trataba de esconderme, de que nadie me viera… Después, no sé cómo explicarlo, pero sentí una fuerza grande de mi mamá”. Llorar fue inevitable. No ha superado el duelo de la partida de su madre, hace casi dos años.

Dice que su trabajo al principio le daba vergüenza.

Dice que su trabajo al principio le daba vergüenza.Fuente externa

A partir de entonces, vende su té y café como si a través de este trabajo honrara la memoria de su mamá. Claro, no es lo que quiere para el resto de su vida. 

“Hay días que lloro de impotencia, de tristeza, de nostalgia…, pero sigo adelante”. No quiere fallarle a su madre que tanto luchó para que ella fuera una profesional, y que finalmente, no pudo verla con su toga y su birrete.

En lo que el hacha va y viene, Soranyi sigue vendiendo té y café y, cuando termina, recoge sus motetes y se monta en un motor. 

El peligro pasa a un segundo plano, pues su lucha por darle un mejor estilo de vida a su hermana y al mismo tiempo, lograr superarse ella como profesional, está por encima del riesgo al que se expone cada vez que se traslada con bultos repletos de termos, con su mesita y con todo lo que necesita para instalarse en la acera de la calle La Isabela, en Perantuén.

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