Este Domingo de Ramos se recuerda la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.
Además de hacer diferentes formas con las ramas, muchas personas colocan este objeto detrás de las puertas o en otros lugares de sus casas para que Jesús “los proteja de las incidencias del demonio en sus hogares”.
Contrario a esta creencia, la Iglesia Católica prohíbe todo tipo de actos que lleven a la superstición.
El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia del Vaticano advierte que se debe “instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido”.
El documento afirma que las personas deben llevar las palmas a sus hogares y conservarlas “ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual”.
El directorio advierte que los ramos de olivo o palmas “no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición”.
El Catecismo de la Iglesia Católica define la superstición como la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que este sentimiento impone.
Puede incluso afectar la adoración que se ofrece a Dios, “por ejemplo, cuando se atribuye una importancia de algún tipo mágica a ciertas prácticas que de otro modo serían lícitas o necesarias. Atribuir la eficacia de las oraciones o de los signos sacramentales a su mera realización externa, al margen de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición”.
Además de que la superstición viola el primer mandamiento: Éxodo 20, 2-3. “Yo soy el Señor tu Dios: no tendrás otros dioses delante de mí”.
Entonces, la iglesia invita a llevar a casa los ramos benditos este domingo, solo para recordar la vida de Cristo, su reinado y triunfo en la muerte.


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