En el camerino de República Dominicana hay historias de todo tipo.
Varios de los jugadores que hoy defienden la bandera dominicana crecieron viendo a sus padres uniformarse para jugar en las Grandes Ligas, por lo que el camino hacia convertirse en peloteros parecía casi natural.
Es el caso de Fernando Tatis Jr., hijo del exjugador de Grandes Ligas Fernando Tatis Sr.
Lo mismo se puede decir de Vladimir Guerrero Jr., cuyo homónimo padre es miembro del Salón de la Fama de Cooperstown.
Pero no todas las historias comienzan de la misma manera.
En medio de ese grupo de estrellas también está el relevista dominicano Juan Mejía, cuya ruta hacia el béisbol fue muy distinta.
Nacido en Pizarrete, creció lejos de los estadios de Grandes Ligas y más cerca del sacrificio cotidiano de su familia, especialmente de su padre, Juan Reynaldo Mejía, un bombero que trabajó durante años para sostener el sueño de su hijo.
Curiosamente, lo que sale de su brazo diestro es "puro fuego". La velocidad de su bola rápida ha llegado hasta las 99.5 millas.
Mejía recuerda que el camino no fue fácil, pues muchas veces las posibilidades económicas de la familia estaban lejos de los guantes, los bates o los viajes para jugar pelota.
“Hubo momentos muy difíciles. Mi papá hizo muchos sacrificios por mí, de todo tipo. Él siempre estaba ahí, apoyándome”, dijo Mejía al Listín Diario en conversación en Miami.
El relevista explica que su padre trabajaba largas jornadas como bombero y aun así encontraba la manera de acompañarlo en su desarrollo como pelotero.
“Mi papá trabajaba muchísimo. Ser bombero no es fácil, pero aun así sacaba tiempo para irme a ver al play, para conseguirme un guante o para pagar algún transporte cuando había que viajar. Todo lo que soy hoy se lo debo en gran parte a él”, enfatizó.
Aunque creció admirando el trabajo de su padre, Mejía admite que nunca se imaginó siguiendo el mismo camino profesional.
“Respeto muchísimo la profesión de los bomberos. Es una labor muy noble y sacrificada, y mi papá es mi héroe por lo que hace. Pero desde que era niño yo sentía dentro de mí que quería ser pelotero. Ese siempre fue mi sueño”, añadió.
El derecho asegura que cada paso que da en el béisbol profesional también representa el esfuerzo de su familia.
“Cuando me pongo este uniforme pienso en todo lo que pasamos para llegar hasta aquí. No fue fácil, pero gracias a Dios y al apoyo de mi familia lo logramos”, afirmó.
Ahora, ese niño que soñaba con jugar pelota en las calles de su barrio vive uno de los momentos más importantes de su carrera al representar a su República Dominicana en el Clásico Mundial de Béisbol.
Mejía ya tuvo la oportunidad de aportar desde el montículo en el torneo, cuando lanzó una entrada en blanco frente a Nicaragua en el primer compromiso de equipo dominicano.
Este miércoles contra Venezuela también lució dominante lanzando el quinto inning en blanco. Los tres bateadores que enfrentó fallaron con elevado al cuadro.
“Estar aquí es algo increíble. Representar a tu país en un Clásico Mundial es un sueño que uno tiene desde niño”, concluyó.


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