Para su gobernanza Haití amerita un fideicomiso

¿Mantente informado todo el tiempo con PRIMICIAS NOTICIOSAS …..escríbenos un mensaje con tu nombre a nuestro Whatsapp (829)-882-5250 y automáticamente te llegarán todas las noticias de PRIMICIAS NOTICIOSAS.




Santo Domingo, RD

Los haitianos han demostra­do a lo largo de la historia que no pueden autogobernarse. Desde su emancipación con la que abolieron la esclavitud y crearon el primer Estado independiente de América Latina dirigido por esclavos negros, la República ha da­do evidencias contundentes de que necesita un Fideico­miso para poder salir del ac­tual caos.

Violenta fue la moviliza­ción de sus ancestros hasta este continente, violenta su adaptación, violenta su li­beración y violento siguen siendo sus días en pleno si­glo XXl.

El último de los fracasos lo experimentó la Organiza­ción de las Naciones Unidas (ONU) que se embarcó el 1 de junio año 2004 en una misión de estabilización, compuesta esencialmente por una fuerza militar y téc­nicos, a los fines de poner fin a la crisis humanitaria y sociopolítica que atravesa­ba la nación caribeña tras el segundo golpe de Estado a Jean Bertrand Aristide.

En los esfuerzos desple­gados por todas las nacio­nes convocadas bajo la som­brilla de la ONU se invirtieron poco más de 346 millones de dólares anuales, que multi­plicados por los 13 años de intervención significan 4 mil 498 millones de dólares, ero­gados del presupuesto de ese organismo cuyos fondos pro­vienen de las cuotas y contri­buciones de los países miem­bros. En aquel presupuesto tirado por la borda no se cal­culan las misiones especia­les de apoyo logístico ni los recursos desembolsados por los organismos multilaterales en ese tiempo, como parte de la cooperación internacional. Tampoco los aportes bilatera­les de los países amigos.

El legado de la misión de las Naciones Unidas no solo se ve ensombrecido en el fra­caso por conseguir la estabili­dad permanente, el fortaleci­miento del estado de derecho y de la democracia, sino con un historial de denuncias que cayó como fardo sobre los in­tegrantes de la fuerza de paz por el uso excesivo de las tro­pas, violaciones, hijos aban­donados y una epidemia de cólera atribuida su propaga­ción en el 2010 a los soldados de la MINUSTAH.

Cierto o no, hay eviden­cias que confirman muchas de esas denuncias. Lo cierto es que la imagen de la misión de paz y de la propia entidad internacional está compro­metida en todo el mundo por el caso haitiano.

¿Es pertinente otra salida?
Desde su fundación como Estado, Haití viene de desca­labro en descalabro sin que sus propios líderes políti­cos, empresariales y sociales se puedan poner de acuer­do mínimamente para sacar a ese país del abismo al que lo han llevado, convirtiéndo­se los 27 mil kilómetros cua­drados en un infierno para la supervivencia de las familias vulnerables.

La gente pobre de Haití y la clase media imposibilita­das de emigrar son los que han tenido que resistir la vio­lencia política y la furia de las bandas armadas, que son las que gobiernan porque tie­nen el control del territorio.

El último acto de violen­cia escenificado fruto de las contradicciones políticas in­ternas fue el magnicidio del presidente Jovenel Moise en su residencia mientras dor­mía con su familia, pero al cabo de cuatro meses no hay nada claro en relación a un hecho tan atroz.

Haití pasaba del centenar de guerras intestinas, insu­rrecciones, golpes de Estado, magnicidios, revueltas civi­les e intentos de golpes antes del asesinato de su presiden­te el pasado 7 de julio.

El mismo germen ances­tral de la división y la genéti­ca cultura de violencia de los haitianos es el motor que ha llevado a la actual tragedia.

Descartado el retorno de otra misión de la ONU y a sabiendas de que los Es­tados que acompañaron a Haití en las últimas dé­cadas rechazan cualquier modo de intervención ba­jo el alegato de respetar la soberanía de los pueblos, la pregunta obligada es: ¿qué hacer?

Hay la convicción entre los organismos que sirven para acompañar a las na­ciones en sus procesos de fortalecimiento democrá­tico de respetar la sobera­nía. Sin embargo, Haití es un caso sui generis, como fue Somalia: sus dirigen­tes son incapaces de auto­gobernarse.

La prolongación de esa especie de limbo políti­co ha comenzado a per­judicar a otras socieda­des vecinas, donde la más afectada es República Do­minicana, que comparte la misma isla. Una legión de haitianos no solo co­menzó a emigrar a Santo Domingo y otros pueblos del territorio dominica­no, sino que llegan a las costas cubanas, mexica­nas, estadounidenses y de otros países de América del Sur.

El éxodo es solo un as­pecto del problema. Hay que ponerse en los zapa­tos de los millones de hai­tianos que no tienen po­sibilidad de emigrar para estar a salvo de los secues­tros, asesinatos y la violen­cia política.

Ese estado de cosas no puede seguir prolongán­dose indefinidamente, lo que obliga a constituir un Fideicomiso compuesto por tres países: Estados Unidos, Canadá y Brasil, de lo contrario la comu­nidad internacional se­guirá dando palos a cie­gas y recibiendo oleadas de haitianos.

En la primera fase de apoyo para Haití, tres ejes de acción se podrían desarrollar: seguridad pública, a cargo de Esta­dos Unidos porque po­see la experiencia y ca­pacidades logísticas para ello; recuperación eco­nómica y desarrollo, bajo la gestión de Canadá, un país que ha mantenido la cooperación y el acompa­ñamiento a los haitianos y, por último, el eje de fortalecimiento institu­cional encargando a Bra­sil. Cada eje de desarrollo contará con una figura haitiana propuesta por la sociedad. Los demás paí­ses miembros de la OEA y la ONU deben estar dis­ponibles para cooperar.

Este plan estratégico de sostenibilidad de Haití de­berá ser refrendado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el Consejo Permanente de la OEA. El Fideicomiso toma­ría las decisiones políticas, económicas y geoestraté­gicas que beneficien a la población, al margen de intereses económicos y po­líticos haitianos.

El tiempo ha demostra­do que Haití necesita por lo menos dos décadas de acompañamiento con un plan claro para el desarro­llo, de lo contrario arrastrará a República Dominicana al fondo del abismo.

PRIMICIAS NOTICIOSAS
PRIMICIAS NOTICIOSAS

This is a short biography of the post author. Maecenas nec odio et ante tincidunt tempus donec vitae sapien ut libero venenatis faucibus nullam quis ante maecenas nec odio et ante tincidunt tempus donec.

No hay comentarios:

Publicar un comentario